La Coctelera

pispita

6 Marzo 2006

Cuando el padre se convierte en hijo

Todos los domingos suelo ir a comer y a pasar la tarde a casa de mis padres. Con ellos viven mi hermano y su recién creada familia (mujer e hija), y también mi abuela. O para ser más exactos, debería decir que todos ellos viven con la abuela, pues las cosas como son..., es realmente ella la propietaria de la vivienda familiar, de la finca, y etc, etc, etc...

El caso es que, durante mi visita de ayer, en la sobremesa y con todos dipersos y divididos ya en microgrupos con sus microconversaciones, me tocó en un equipo que podríamos catalogar como "el de las chicas": mi madre, mi tía, mi hermana... and me. Con un par de pequeñajas más pululando por ahí.

Y al grano..., mi madre y mi tía (política), saltando de tema en tema y tiro porque me toca, sacaron a colación el gran cambio experimentado en los últimos tiempos por sus madres respectivas y lo "difíciles" que se han vuelto ambas con la edad.

Según mi tía, su madre se comporta como un ser profundamente egoísta, que sólo resulta generosa en la cantidad de reacciones y gestos de reproche y resentimiento que les dedica en cuanto pasan un tiempo, más o menos corto, sin ir a verla, ocupados haciendo "su vida"...

Mi madre, asimismo, mencionaba reacciones y comportamientos muy similares por parte de mi abuela, y se lamentaba, además, de que ya no puede sincerarse en las conversaciones con ella, porque está "intratable", se siente molesta por todo y en todo ve objeciones y manifiesta contrariedad.

He de decir aquí que desconozco la versión de la madre de mi tía política, pero no la de mi abuela. También ella me ha comentado a su vez, en los últimos tiempos, que todo cuanto dice y opina viene a ser algo así como un cero a la izquierda; y no sólo para mi madre, sino para el resto de los miembros de la familia con los que convive. Para más inri, según ella, las formas con las que mi madre desaprueba sus opiniones son un poco subidillas de tono.

Todo esto, en resumen...

Y bien... Creo conocer un poco a todos los personajes de los que os he hablado, y no dudo de que sea cierto todo cuanto dicen. A todos -o mejor dicho, a todas- les veo sus razones y aprecio absoluta sinceridad en lo que manifiestan. No identifico culpables, ni tampoco mentiras.

El caso es que, aparte de las eternas y repetidas diferencias generacionales, parece que llega un momento, con el paso de los años, en el que los hijos pasamos a asumir el rol de padres, y nuestros padres pasan a asumir el rol de hijos.

Es mucho generalizar y abstraer comportamientos, pero viene a ser algo así. Y visto lo visto..., al parecer, supone una mutación tan grande y con tantas repercusiones que no nos resulta en absoluto fácil encajarlo ni adaptarnos a los nuevos roles.

La relación de dependencia se invierte. La de autoridad también. Las sentencias y pequeñas reprimendas pasan a estar en boca de otros. Los deslices y las inseguridades y debilidades más frecuentes también se han mudado de lugar...

El caso de la relación entre mi abuela y mi madre será el primero y el último que me toque vivir de cerca, antes de que yo misma (si llego...) acabe participando de esta espiral de roles intercambiados.

Y he de deciros que me duele verlo.

Aparte de que mi abuela ha desempeñado un papel principal, como la auténtica segunda o primera madre en mi vida, esto de ahora, lo que acabo de sintetizar..., es como asistir, a fin de cuentas, al deterioro y al debilitamiento que a todos nos aguarda.

Volver a la debilidad y dependencia de ese niño que fuimos -y al que tanto me gusta apelar y tener siempre presente- pero sin su natural encanto infantil, sin su gracia, sin esa atracción innata que los baby despiertan a su alrededor y que a todos hace exclamar: "uyyyyyyyy, qué rrriiiiiííícooooo.......".

servido por pispita 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Jesús

Jesús dijo

Bueno, la verdad es que resulta complicado encontrar una explicación a esto. Tampoco tengo claro que haya una explicación. Simplemente es algo que ocurre.
Tal vez porque cuando nos vamos haciendo mayores vamos asimilando un poco la idea (con la que no estoy de acuerdo) de ser menos, tal vez porque ahora podemos decir cosas a los mayores que antes no se podía (hablo de sinceridad, no de agresiones de ningún tipo) e incluso puede que por ambas cosas y tal vez por alguna más.
El caso es que la situación puede sufrir un cierto cambio que nos conduzca a pensar que verdaderamente hay ese intercambio de roles.
No creo que sea así. No sé exactamente qué ocurre, pero sé que no es un intercambio de roles, aunque pueda parecerlo.

7 Marzo 2006 | 10:22 AM

Pispita

Pispita dijo

Gracias, como siempre, Jesús, por estar ahí y por compartir tus impresiones.

Desde luego que el cambio no es fácil de entender ni de explicar.

Seguiremos pensando en ello; y mientras tanto..., pues siempre nos quedará el más manido de los recursos argumentales: "Ley de vida...".

Besos

7 Marzo 2006 | 05:29 PM

detalles

detalles dijo

Pues es cierto que el tiempo pasa y al final, simplemente, han cambiado los papeles. De repente me encuentro llevando a mis hijos pequeños a un apartamento a la playa en lugar de ir al chalé de mis padres, con lo que mientras cambian los roles comienzan los roces (no venís!) originados al estar desacostumbrados...

18 Marzo 2006 | 04:56 PM

Pispita

Pispita dijo

Pues eso, "detalles", tal cual...

Como suele decirse, "ves tu casa, ves la mía...".

Y por cierto, maravillosa temática la de tu blog. Por allí he empezado ya a deambular y a dejarte cositas. Que no cejes en tu empeño. Eso sí vale la pena.

31 Marzo 2006 | 01:19 PM

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Sobre mí

Hola a tod@s, y especialmente a ti. Lo que me ha ocurrido en estos últimos añitos me ha llevado a pensar que quizás no haya sido muy sensata ni muy sincera conmigo misma, hasta ahora, sobre lo que me apetecía hacer de verdad en la vida; lo que le pedía a ella, a los demás, y sobre todo, a mí misma; lo que estaba dispuesta a dar... Vengo de pasar por una pequeña gran crisis personal, que me ha hecho aparcar, al menos temporalmente, mi profesión y mi trayectoria en ella -lo que en algún momento llegó a ser el todo en mi vida y mis aspiraciones- para dedicarme a algo nuevo y diferente; para pensar al fin en lo que realmente quiero, y no tanto en lo que debo; para vivir, sencillamente, que no es poco; y empezar a preocuparme un poco por mí y por lo que de verdad pueda resultar más importante y prioritario en esta vida, más o menos corta, y a la que tanto cuesta a veces encontrarle alguna forma de sentido. Desde este espacio, sólo aspiro a vaciarme un poco, y a la vez, si eso te sirve, a llenarte también un poco a ti. Gracias por venir. Como peaje, sólo te pido que me dediques una sonrisa auténtica, como ésas que repartías sin esfuerzo alguno cuando aún eras niñ@. Eso está mejor... Gracias!

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