No sé si mis hijos quieren tener madre

Nunca he pensado seriamente en la idea de tener hijos. Ni tan siquiera de niña, cuando tocaba jugar a las mamás y a los papás; ni cuando, pasado el tiempo, empecé a madurar, a vivir los primeros enamoramientos y las primeras ilusiones asociadas a ellos; ni tampoco cuando tuve una pareja más estable, una "vida en común", y lo que se da en llamar una cierta "estabilidad económica", que no es otra cosa, en resumen, que la suma de ciertas ganancias (nómina) + ciertas deudas (hipoteca).
La idea de los hijos nunca entraba en mis quinielas, ni se encontraba entre mis expectativas. Por decirlo de algún modo, nunca me imaginé como una futura madre, nunca me visualicé como tal en el cosmos de mi imaginación, nunca vi a una hipotética mamá dentro de mí, o simplemente no se me pasó por la cabeza o no me lo llegué a plantear con unos mínimos visos de realidad.
En mi entorno, desde luego, sí estuve rodeada de amigas, conocidas, compañeras de estudios y luego de trabajo, cuñadas, y demás mujeres jóvenes, a las que me unían y unen diferentes lazos, que sí deseaban, más o menos ferviente y hasta diría que obsesivamente, en los casos más extremos, esa maternidad que la naturaleza nos permite y pone a nuestra disposición, como una opción más. Algunas de ellas, ya desde siempre y con cierta fijación; otras, simplemente, movidas, con mayor o menor convicción, también según los casos..., por la efectiva llamada de su particular "reloj biológico".
Y así fui viendo cómo algunas, finalmente, ya se iban decidiendo y daban el paso crucial de ser madres. Y a día de hoy, de hecho, lo son. Mientras mi particular "reloj" continuaba sin dar señales perceptibles y mis inquietudes y deseos seguían dispersándose y pululando por otros derroteros...
Pero llegó mi enfermedad; y un tiempo después, mi descubrimiento y mi consciencia sobre ella; y después, mi lucha, dura y todavía candente y perenne, por superarla, por lograr vencerla definitivamente, antes de resultar yo la vencida.
Y curiosamente, a partir de esos momentos, cuando mi debilidad y mis problemas fisiológicos me hicieron dudar de "mi capacidad física para", de mi recuperación de la misma, de que pudiese llegar a tener hijos algún día, en el caso de decidirlo así..., pues fue entonces cuando esa idea llegó a mí, en forma de pregunta y de dudas... No con claridad, ni tampoco como deseo, ni mucho menos como decisión firme... Pero esa idea sí pasó al fin por mi mente, llegando a mí para que le diese una oportunidad, para que le permitiese ser al menos planteada, poniendo de algún modo la luz de una vida nueva allí donde por un tiempo sólo hubo oscuridad y muerte.
Y ahora ha vuelto a ocurrir.
El tratamiento y la medicación a los que deberá someterse por algún tiempo mi pareja son también, en principio, incompatibles con la posibilidad de engendrar vida. Su dureza podría afectar a un eventual embarazo, a la salud y al correcto desarrollo del feto. Por lo que es más que recomendable seguir acordándose de los anticonceptivos, sin despiste ni descuido...
A decir verdad, sigo sin saber y sin discernir con la necesaria claridad si quiero tener hijos, si quisiera tenerlos al menos algún día...
Pero por alguna razón, me siento triste.
A día de hoy, ya no es una opción libre para mí. No es algo voluntario, elegido ni meditado...
Y me siento triste.
No quisiera que, en esto, "la vida" decidiese por mí.
Al fin y al cabo..., mis hijos son míos!
Y ya es triste no saber si realmente quiero tener hijos.
Pero más triste es no saber si mis hijos quieren tener madre.
cuartosinascensor dijo
Yo siempre he pensado que las cosas llegan cuando tienen que llegar.
Saludos.
22 Junio 2006 | 05:59 PM