Poner voz al desamor

Mi entrañable "Amy", uno de los "coctelamigos" a los que leo y sigo con mayor asiduidad, prendada de la frescura, la naturalidad y el tono divertido y ameno de sus post, acaba de escribir una nueva entrega sobre lo duro que es el papel del que deja / abandona / acaba / rompe con su pareja (http://www.lacoctelera.com/persiguiendo_a_amy/post/2006/07/16/me-duele-dejarla-pero-es-mejor-).
Como él mismo explica, lo habitual siempre ha sido "apiadarse", "conmoverse", apoyar y volcarse al 100% con el que figura precisamente al otro lado de la misma moneda, con el que es dejado / abandonado / y comunicado -para su mayor o menor sorpresa- de una realidad no deseada, ni mucho menos decidida por voluntad propia: la ruptura de la pareja, el desamor, el "acabóse"...
El abandonado siempre se nos vislumbra como el que se lleva la peor parte, el que más precisa de nuestro apoyo, el más dolido y conmocionado, la vícima, en definitiva...
Pero a decir verdad, y aunque no siempre se vea con idéntica claridad, cuán duro es dejar a alguien a quien, cuando menos, quisimos por algún tiempo, y probablemente, en muchos casos y de algún modo, todavía seguimos y seguiremos queriendo. Que se lo pregunten, si no, al amigo de "Amy", en el que está inspirado su post, o a otra "coctelamiga" especial, Ana (www.lacoctelera.com/vivocercadelmar), que le echó toda la valentía y los ovarios necesarios al asunto para romper con una relación "asentada" en apariencia, pero cada vez más deteriorada y próxima al bloqueo y la anulación.
Hay que echarle muchos. Eso sí es valentía.
Es muy duro el antes. Muy duro el después...
Y más, cuanto más adult@, sensat@, consciente y responsable eres. Porque entonces, mejor que nunca, es cuando sabes cuánto de sentimiento hay en juego, cuánto de dolor, cuánta decepción, cuánta frustración, cuánto de "¿Por qué a mí...? ¿Y ahora qué...? ¿Por dónde sigo ahora yo...? ¿Por dónde lo había dejado...?".
Así que, para culminar e ilustrar este post, con el menor número de espinas posibles, recordaré ahora una situación que yo misma viví siendo más "niña", y que ahora se me vino de inmediato a la cabeza, cuando divagaba mentalmente sobre el tema.
"X" añazos atrás, Rober, uno de los chicos del que era mi círculo por aquel entonces, se había "colgado de mí", o "por mí"... (ya ni recuerdo cómo se expresaban con propiedad estas cosas... :-) ). Todos, o casi todos, cada vez más..., lo sabían; yo misma lo sabía, lo sabía ya, me lo habían dicho...
Y en éstas, que llega el "San Valentín", y corre a verme mi "superamiga" Mayte, y me dice que al Rober se le ha acabado ya el tabaco..., que esta vez sí que va a ser..., que se me va a declarar..., que me ha escrito una carta-postal de amor..., que me ha escrito una carta-postal con una ilustración de "Snoopy" en su frontal, "Snoopy" caminando sobre fondo naranja... (todavía la conservo, por algún sitio... No sé dónde exactamente, pero sí sé que aún la tengo).
Y yo..., desesperaíta toa..., que no quería na de na, que tampoco quería en na de na lastimar al Rober, que tampoco quería en na de na estropear nuestra amistad... (que por mucho cuidado que le pusimos al asunto, inevitablemente, sí se acabo estropeando, no de forma fulgurante y radical, pero sí paulatina e inexorablemente...).
Y el caso es que nos las ingeniamos, entre ambas, para que la Mayte le fuese desanimando de algún modo, intentando evitar lo inevitable, minando sutilmente sus ánimos, con total cuidado y extrema delicadeza, y qué sé yo qué más...
Y el Rober, no obstante, valiente, osado e ilusionado él, persistió en la idea de entregarme la postal (demasiado linda y currada ella, como para echarla a perder en un baúl nunca abierto). Y eso sí, al final de sus sentidas palabras, añadió sencillamente, a modo de "me curo en salud, pues sé lo que hay", un escueto:
"Alguna vez, alguien especial de verdad para ti te dirá todo esto. Y te lo dirá muy en serio".
Recuerdo perfectamente mi sentimiento de honda tristeza. De una forma u otra, es triste y duro dar calabazas.
Duele...
Duele ejercer como portavoz del desamor.
Duele romper... Incluso entonces, también entonces... Cuando ni siquiera, ni tan siquiera..., habíamos empezado.
Marta (Recién Casada) dijo
Es horrible... sentirse abandonado y abandonador, traicionado o traicionador.
He pasado por ambas situaciones, y sin poder compararlas, ambas han sido tan dolorosas que me cuesta recordarlas en su cruda viveza.
Afortunadamente aún soy una mujer a la que se le quedan las cosas buenas, y las malas se diluyen poco a poco, pero esas de vez en cuando saltan así, de repente.
Quizá lo único que hace que me decante por ser la abandonadora o la traicionera es que me permite pensar que tengo/tenía/tendré el control, la posibilidad de enmendarlo, de hacerlo bien, qué se yo, porque abandonada sólo te sale llorar antes de resurgir.
18 Julio 2006 | 05:17 PM