Adicción al cambio
No sé en qué justo momento o etapa ha ocurrido. Pero lo cierto es que algo esencial ha cambiado en mis necesidades vitales, en mis deseos y ansias como persona.
Necesito cambios, los necesito con urgencia, cada cierto tiempo; o incluso, llevados más al extremo, pequeñas revoluciones personales, pequeñas catarsis... Los necesito como el aire que respiro, y de hecho, la permanencia, que enseguida percibo como excesiva y longeva, me axfisia, me apolilla y empalidece, me corta la respiración...
No sé cuándo ha ocurrido, o mejor dicho, desde cuándo... Porque para nada me recuerdo como una niña especialmente inquieta o hiperactiva. Más bien, al contrario, creo que incluso sentía cierto miedo, inquietud, o cuando menos respeto, ante cualquier cambio que se avecinase; y más todavía, ante cualquier cambio repentino e imprevisto.
Y así, por ejemplo, recuerdo la escasa gracia que me hacía el paso de un ciclo escolar a otro, de un centro a otro, de unos compañeros y amigos a otros, de una ciudad a otra...
Ahora, cuando quiero motivarme y devolver el brillo a mis ojos, sólo tengo que ilusionarme con la expectativa de un cambio, nuevos entornos, nuevas actividades, nuevos aires y ciudades, hasta nuevas gentes...
Es una radical transformación que se ha producido en mí sin darme yo cuenta. Hasta que hace pocos días, en un momento de decaimiento, haciendo psicoterapia y auto-análisis en voz alta, le comenté que necesitaba algo nuevo, que necesitaba cambios, que necesitaba que ocurriese algo que lo revolviese de nuevo todo (y no para mal). Que no se producen novedades suficientes, no para mí; y cuando lo hacen, vienen con la cara triste, con el halo de la preocupación, de la enfermedad, vestidas de luto...
Y me dijo..., me dijo algo así como lo que sigue:
"En el espacio de un año escaso, has dejado tu profesión, hemos comprado el nuevo piso, y nos hemos mudado a él, has trabajado en la idea de un negocio que te resultaba totalmente ajeno y desconocido, y lo has puesto en marcha... ¿Te parecen pocos cambios...?".
Y lleva razón...
Pero la respuesta es "sí".
Jesús dijo
Pues si lo tienes claro, tan solo te diría: Adelante. No te lo pierdas. No te quedes con las ganas de saber como sería y haz todo lo posible porque sea realidad.
Hace casi dos meses tomé ese camino y decidí dar un giro decisivo en mi vida. A estas alturas, me salgan como me salgan las cosas, ya no podré saber si lo que hice fue mejor ó peor que lo que tenía, pero da igual, lo hice, fue mi decisión y por el momento, a pesar de las dificultades (que no están siendo pocas), el balance es excelente y las ganas de seguir adelante son todas. Y lo mejor de todo: va en el rumbo al que me dirijo.
Ánimo y no te quedes con las ganas de saber qué es. Es posible que para dar ese giro sea necesario "soltar" algo que tenías (tampoco tiene porqué), pero aún así, si de verdad crees que lo necesitas, no lo pienses tanto. No dejes que los también posibles miedos se apoderen de la situación. Utilízalos a tu favor para actuar en pro de lo que quieres. Ya sabes como pienso al respecto: Deja de cuidarte tanto y... DISFRUTA! ;-)
Te mando un beso.
17 Octubre 2006 | 09:33 AM