Navidades atípicas
Éstas son unas Navidades raras, atípicamente tristes y nostálgicas. ¿O mejor debería decir “normalmente” tristes y nostálgicas? ¿Acaso, de algún modo, no es cierto que todas lo son?
Se cumple un año de otras Navidades fatídicas, atípicamente crueles, dolorosas, desgraciadas. Al menos, en este caso, sí puedo decir con plena rotundidad lo de “atípicamente”. No todas lo son.
No puedo dejar de recordar que yo adoraba la Navidad, la Navidad en casa, con sus vacaciones y sus villancicos, y sus turrones y fiestas. Con sus interminables maratones de películas cuando niña. Con sus interminables maratones de juergas, cuando dejé de serlo.
Yo adoré, durante años y años, la Navidad. Mis vacaciones preferidas. Mis fiestas preferidas. Mi época preferida, en todo el transcurso del año. Hasta mis dulces preferidos... Y mis mejores regalos.
Y ahora sólo espero que termine. Que pase pronto, de largo; que me olvide y que siga su camino.
Tampoco puedo dejar de recordar que, cuando en mi Navidad se cruzaban comentarios, opiniones o reacciones de esta guisa, me parecían, de algún modo, desconcertantes, propias de una amargura que se escapaba a mi entendimiento de niña, propias de espíritus aguafiestas e incómodos en las ocasiones más especiales y entrañables. O algo así... Algo así pensaba. Quién me iba a decir...
Y el caso es que este año, en estos días, hemos vuelto a reunirnos en familia, un año más, para cenar y almorzar juntos. Y he sentido, más que nunca, que ya más nunca nada será igual. Ni las Navidades. Ni mi familia. Ni mi lugar y sensación inmersa en ella.
¿Dónde se quedaron los que éramos?
Jesús dijo
En algún lugar dentro de nosotros, Pispita, no lo dudes. Muchos de nosotros tenemos, de alguna manera, sensaciones similares, bien con la navidad, bien con otras cosas que en algún momento de nuestras vidas cambió y, posiblemente, no volverá a ser igual. Pero incluso este cambio lo podemos mirar con otros ojos: que sea distinto, no significa que sea necesariamente peor, aunque haya momentos en lo que ciertamente sí lo sea.
Un abrazo, Pispita. Quizás no sea de la manera en que más me gustaría tener noticias tuyas, pero aún y así, me agrada saber de ti. Volverán tiempos mejores, para todos.
Te mando un beso y un abrazo navideños, de los "de antes" ;)
28 Diciembre 2007 | 10:24 PM